Mírate a los ojos, siempre encontrarás poesía

logoNací el siglo pasado. Es cierto, pero no deja de ser una obviedad. Si bien, me encanta mirarme a los ojos cuando me busco en el espejo, y encuentro la luz y la ilusión de ese niño que fui. No importa que esa mirada esté enmarcada por el paso del tiempo; por alguna que otra arruga nacida de la risa y del llanto; de alegrías y tristezas; de las miserias de un Mundo que, a veces, es cruel e insolidario; de las alegrías de un Mundo que, a veces, es piadoso y solidario.

Las experiencias que cada uno vivimos nos construye y nos modela, mostrando como resultado lo que cada uno somos en este momento actual, en el que yo estoy escribiendo; en el que tú estás leyendo. La meta que ahora hemos conseguido es solo el producto de los caminos que hemos recorrido. Elegimos. Cada momento elegimos entre una cosa y otra; entre un hacer y un no hacer; entre un hablar y un silencio; entre detenernos o seguir caminando.

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Quiero regalarte un soneto este domingo de febrero

logoCuando se habla de frases célebres en las que se recogen metas que debemos alcanzar en esta vida, o que no podemos dejas de hacer en nuestra vida antes de ‘marcharnos’, creo que a nivel mundial la más conocida es la que dice que debemos

: «tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro». Si bien, en este siglo en el que vivimos (XXI) esas metas han quedado un poco ‘anticuadas’. Pienso que ‘nos lo vendieron’ en un momento determinado y nos lo creímos. O no.

Tomando como referencia esa frase y teniendo en cuenta que soy padre de dos hijas, he plantado más de un árbol y escrito más de un libro, no tendría más metas que alcanzar en esta (mi) vida. Sin embargo, qué pobre sería mi vida si eso fuera todo. Con la cantidad de cosas que hay por hacer, por el simple placer de hacerlas. Porque queremos; porque nos apetece; porque tenemos hambre de conocimiento; porque queremos encontrar nuevas amistades; porque nuestros sueños van más allá de tener un hijo (decisión muy personal); plantar un árbol (decisión personal); o escribir un libro (decisión)…

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Ni puedo ni quiero silenciar la poesía ante esta lacra

logoNo sé a qué esperan nuestros gobernantes para tomar una ‘verdadera decisión’ en cuanto al asesinato de mujeres a manos de hombres. Y NO digo de muertes, como se puede leer o escuchar en algunos medios o declaraciones. No hay eufemismo que valga. ASESINATOS. Asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujer. Tengo la impresión de que se culpabiliza a la mujer y NO a su acosador. La mujer tiene que huir (o intentarlo), dejar su entorno (o intentarlo), mientras su acosador ‘vive libre’. De verdad que alguien en su sano juicio puede entender que sigamos cada vez peor. Al menos, esa es la sensación y el sentimiento.

Se han preguntado los hombres y mujeres que nos gobiernan por qué no se denuncian más casos. ?No será por miedo? ¿No será por falta de apoyo? ¿No será por falta de recursos? ¿No será por falta de credibilidad? ¿No será por el sentimiento de soledad que las acompaña? ¿No les parece a las mujeres y hombres que velan por todxs nosotrxs, que ya está bien? Que ya es hora de tomar medidas efectivas. Policías preparadas y formadas. Juzgados preparados y formados. Recursos necesarios para acabar con todo esto de una vez por todas. No obstante, hay muchos hombres que nos situamos al lado de las mujeres.

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La poesía siempre está nunca espera a ser encontrada

logoCada vez que viajo disfruto del paisaje que me rodea todo lo que puedo. Campos, ciudades, ríos, montañas, caminantes nubes, el vuelo de una cigüeña o el correr de los girasoles. Cuando voy conduciendo se me hace prácticamente imposible este disfrute, por razones obvias. Sin embargo, de unos años a esta parte viajo, normalmente, en el asiento del ‘acompañante’, lo que me permite gozar de cada instante absorto en reflexiones y pensamientos.

Lo mismo me sucede con el viaje de la vida. No quiero ser ‘uno que pasó por aquí’; quiero ser uno que pasa y pisa y piensa y se ilusiona y sueña y ríe y llora…; y disfruta con cada paso que da observando el paisaje que recibe como regalo de su atrevimiento a caminar mirando. No debemos ni podemos ser cobardes. Miremos a los ojos de la vida y abracemos aquello que nos ofrece.

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Qué importancia tiene el tiempo si hablamos de poesía

logoSolo tenemos que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que vivimos ‘acelerados’, como ‘con prisa’. Vivimos en el Mundo de la Inmediatez. Lo queremos todo ‘para ya’, o si me apuras ‘para ayer’. Y dónde hemos dejado la paciencia; la observación; la espera; el disfrute de la llegada o de lo conseguido. Alcanzamos una meta lo más rápido posible para volver a marcarnos una nueva que lograr. Nuestra única misión llegar al final. ¿Y el viaje? ¿Qué sucede con el viaje? ¿No lo disfrutamos? ¿No aprendemos? ¿Caminamos sin ver lo que pasa a nuestro alrededor?

Muchas veces he escuchado frases en la línea de: ‘¿Qué haces ahí tumbado perdiendo el tiempo?’. ‘Leer es una pérdida de tiempo’. ‘¿No tienes otra cosa que hacer nada más que mirar las musarañas?’. ‘¿Por qué no haces algo de provecho?’. Decenas de frases; cientos de frases en las que se nos invita a no perder el tiempo o a matar el tiempo, en otras ocasiones. Se nos apremia una y otra vez a llevar un ritmo de vida que, quizá, no sea el que deseamos, pero que nuestro entorno lo demanda.

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Si te encuentras un poema acércate a él y respira

logoQuizá no seamos conscientes de que algo tan sencillo y básico como es ‘respirar’, sea esencial e imprescindible para que un ser humano siga viviendo, soñando, amando, riendo, llorando, hablando, pensando… En realidad cualquier ser vivo necesita respirar para poder vivir, pero en este caso quiero señalar a los que se les (nos) puede ‘considerar seres humanos’. Creo que de un tiempo a esta parte vivimos de forma acelerada. Vivimos en una época en la que se da un valor innecesario e inmerecido a la inmediatez. ¿Qué fue de la paciencia y el reposo?

Sin embargo, si conseguimos entender que si nos detuviéramos un momento, un instante. Un solo instante sin importarnos lo que nos rodea. Escucháramos el silencio que rompe el ruido de fondo que nos invade. Entornáramos los ojos hasta sentir la compañía de la oscuridad buscada y abriésemos nuestros pulmones hasta llenarlos de vida, una vez tras otra. Despacio. Pausadamente. Con paciencia. Inspira. Espira. Inspira. Espira. Ahora tú, una vez más… Así. Nuestro mundo, seguro, sería otro.

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No encontrarás nunca soledad en la poesía

logo¿Cuántas soledades habitan en un ciudad tan concurrida como Madrid o Barcelona o Bilbao o Málaga o Sevilla o La Coruña, o…? Creo que hay más soledad en cualquiera de esas ciudades, que en una pequeña aldea de lo que han dado en llamar la ‘España vaciada’. Cuanto más rodeado de gente estamos, más soledad podemos llegar a sentir. Nadie saluda a nadie. Nadie habla con nadie (salvo excepciones).

Si viajamos en transporte público para acceder a nuestro centro de trabajo, todos los días, a la misma hora y tomamos el mismo itinerario, es posible, muy posible, que nos encontremos con las mismas personas. Hombres y mujeres que van o vienen de su trabajo. Jóvenes que vienen o van a estudiar o trabajar. Un ir y venir de almas que caminan, a veces, algunas veces, como si no hubiera nadie más a su lado. Soledad. Soledades.

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Quiero regalarte unos versos este domingo de enero

logoLlevo varias noches soñando con viento, suave y bravo. Soñando con agua salada, bien sean lágrimas o agua de mar. Una noche tras otra. Pero al despertar de la mañana me sentía bien. No me sentía triste, más bien alegre y contento…, o quizá eufórico en algún despertar. Por lo tanto, abrí mi cuaderno de poesía, busqué la primera página en blanco después de la última escrita, y dejé que mi bolígrafo que escribe en color azul hiciera el resto, guiado por mi mano derecha.

El resultado es lo que ahora comparto con todos vosotros y vosotras. A veces, algunas veces, tengo la sensación de que se nos olvida que alguna vez fuimos jóvenes; incluso que fuimos niños. Un tiempo en el que soñábamos, incluso con imposibles, pero que creíamos poder alcanzar, y eso nos hizo crecer y avanzar. El convertirnos en adultos es algo que no podemos evitar. Es cuestión de tiempo, nada más. Sin embargo, el convertirnos en adultos aburridos y desesperanzados, solo es responsabilidad nuestra.

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Me he propuesto unos versos para despedir el año

logoApenas quedan horas para despedir este año y dar la bienvenida a los ‘locos años 20’ que vienen por duplicado. No sé para vosotras y vosotros cómo habrá sido el año que termina. Si antes de dar comienzo os hicisteis alguna propuesta. Si la habéis cumplido. Si queda por cumplir. Si la habéis aplazado. Si algo os ha impedido su consecución. Si para el próximo tenéis pensado o decidido haceros alguna otra. Nueva o repetida. Es irrelevante, si es vuestro deseo.

Hubo un tiempo, creo que hace tanto que no lo recuerdo, cuando yo me proponía: ‘ir al gimnasio’, ‘aprender inglés’, ‘ser mejor en mi trabajo’, ‘hacer una dieta equilibrada’… Cuestiones que, sin dejar de ser importantes, poco me llenaban o conseguían satisfacerme. Entiendo que alguien se proponga alguna de ellas, lo consiga y se sienta feliz. Bravo. Objetivo conseguido. Sin embargo, me paré a pensar qué era lo que realmente quería proponerme para sentirme bien conmigo mismo. Creo que es lo que de verdad cuenta.

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Tiempo de recuerdos en unos versos que acarician la memoria

logoQuizá sean estas fechas más propensas al recuerdo de aquellos seres queridos que ya no están conmigo (con nosotros). Y no me refiero solo a los que partieron para siempre, también vuelven a mis recuerdos aquellas y aquellos que en un momento determinado formaron parte de mi vida y que dejaron en mi un poso de felicidad y paz. Y no es que su recuerdo no pueda acompañarme en otras fechas (de hecho me acompañan algunos, a veces); si bien, ahora todos atienden mi invitación al encuentro.

Siento cómo se dibuja una sonrisa en mi rostro a la vez que mis ojos se humedecen con la dulzura que la alegría del recuerdo provoca este instante. Un gesto, una melodía, un olor, un color, una frase, una luz, una risa, una caricia, una sombra, un silencio… Cualquier pequeño detalle es lo sufrientemente grande para acercar su memoria. Somos lo que somos por aquello que hemos vivido.

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