Por si las nubes hablasen en este domingo de invierno

hex0Las nubes siempre me han parecido mágicas, maravillosas, inalcanzables. Sin embargo, recuerdo la primera vez que volé en avión tuve el privilegio de verlas de cerca, muy de cerca y sobrevolarlas. Descubrí entonces que me había quedado corto en mi apreciación. No en el hecho de ‘inalcanzables’, por una razón obvia, pero sí en lo maravillosamente mágicas que eran, o en lo mágicamente maravillosas que pueden llegar a ser, si entendemos su lenguaje.

Quién no se ha tumbado sobre la tierra y ha mirado el pasar de las nubes, y ha visto…; sí, visto, sus formas mágicas. Su capacidad para cambiar y mostrarnos una nueva imagen tras un instante. Quién no ha jugado a adivinar qué figura se estaba formando. Quién no ha jugado a ‘enviar mensajes’ con las nubes a un amigo o amiga que se encontraba a decenas de kilómetros de distancia; o cientos; o miles…; o que ya había partido. Quién no ha soñado con saltar sobre ellas, mecerse en su calidez, o tan solo tumbarse a dormir.

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