Decidir entre un beso y un verso, entre un poema y un te quiero

hex0¿Sabes que nos pasamos toda nuestra vida tomando decisiones? Algunas pueden parecer sencillas (a veces lo son); otros nos resultan complicadas (a veces no lo son). Si blanco o negro; arriba o abajo; falda o pantalón; playa o montaña; coche o moto; azul o rosa; dar un beso o estrechar una mano; hacer una llamada o no hacerla; verso o prosa; amar o no amar; gafas o lentillas; niño o niña… Sin haber reparado (o sí), que de la decisión que tomemos o dejemos de tomar determinará nuestro futuro (o parte de él) ¡¡Vaya papelón!!

Yo no sé si vosotr@s os hacéis estas preguntas o si os planteáis estás reflexiones (o quizá otras más sesudas). De vez en cuando (de un tiempo a esta parte) me gusta ‘parar mi mundo’ y observar. Observar a mí alrededor. Observarme. Y sobre todo cuestionarme sobre cuestiones que antes por falta de tiempo (no sabría si esto es del todo cierto o solo una excusa), no me planteaba. ¿Decidir o no decidir? Esta es la cuestión (que pudo haber pensado/escrito Shakespeare).

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