He recibido una bellísima fotografía de un paisaje navarro. Una explosión de colores otoñales llena la imagen. Un bello camino alfombrado de colores cálidos sube al monte, entre recios y poderosos árboles que se preparan para el invierno. Y me he preguntado, ¿dónde irá el camino? ¿Qué puede aguardarme tras el montículo que oculta su trazado? No lo sé. Quizás lo conozca ‘mañana’.
Me he puesto a pensar en la inmediatez del tiempo y en lo efímero que puede resultar su discurrir. En la frase que jugando le dice mi ‘peque’ a su abuelo: «hoy no, abuelo, mañana». El abuelo al día siguiente le dice que ya es mañana; y ella le responde: «No, abuelo, hoy es hoy; mañana es mañana». Es un juego infantil, en el que nunca vas a alcanzar algo que dejas para mañana, pues nunca es mañana.