Un verso libre puede anidar donde quiera

logo¿Es, quizá, el poeta dueño del verso, cuando ya no ocupa tan solo el espacio de su mente y es compartido sobre un papel en blanco, aun no habiéndose concluido el poema, o ya le ha ‘concedido’ la libertad de, si quiere, alzar el vuelo en busca de otro nido, de otro destino, de otro horizonte… de otro poema? Cuán difícil puede resultar, a veces (muchas veces), soltar amarras. Nos consideramos ‘dueños’ de tantas cosas, de las que tan solo somos vehículos para alcanzar un destino o una meta. Simples portadores. Ni tan siquiera ‘propietarios temporales’. Si el poeta lucha por la libertad, por un mundo de pensamiento libre, ¿podría impedir la libertad de un verso libre?

Lleva días trotando desbocado, por mi cabeza (o por mi corazón), un verso libre; mas no sería justo que yo escribiera, negro sobre blanco (o azul sobre blanco), las palabras que lo conforman, pues cualquiera podría perseguirlo e intentar apresarlo, y con ello acabar con su libertad. Si él decidió ser un verso libre, qué derecho tengo yo (o cualquiera), de coartar esa libertad. La vida nos enseña, con el pasar de los años, que nada nos pertenece; que todo es efímero; que nada permanece. Y todo ello, en lugar de entristecernos, debería alegrarnos, pues nos enseña a valorar lo que, mientras dura nuestro tránsito por este lugar, permanece, por voluntad propia, a nuestro lado. Nadie es dueño de la libertad de otr@.

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