Vivir soñando, es poesía; caminar despierto, es poesía

logo¿Cuántas veces has escuchado que ‘ya se ve la luz el final del túnel’? Y me refiero a esta situación en la que llevamos viviendo desde hace más de un año. Quizá eso genere cierta ansiedad en aquellos que lo escuchamos. Quizá no lo creamos cuando llegue el momento en el que hayamos salido. O como le escuché al periodista Carles Francino, hace mucho tiempo que, con ironía señalaba, en relación a otros temas: «A ver si esa luz que vemos es un tren que viene a toda velocidad en sentido contrario, y nos embiste» (más o menos venía a decir).

Soy optimista. De veras. Pero eso no quiere decir que no tenga los pies en el suelo. Sueño. Mucho. Me gusta soñar y perseguir mis sueños hasta poder alcanzarlos, pero eso no significa que no viva (o quiera vivir), con los pies bien cerquita de la tierra; de esa tierra sobre la que camino y de la que gusto sentir su latido. Observo la realidad que me rodea e intento abstraerme del ruido de fondo que se intenta instalar a nuestro lado por intereses diversos.

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