Algunas veces me confieso cansado de escuchar tanta palabra vacía en aquellos que las pronuncian en espacios de televisión, radio o Internet, o las escriben en columnas de periódicos o blogs de opinión. La que más me hiere, por su indignidad, es la que pronuncian aquellas o aquellos que con sus decisiones influyen en el resto de los mortales.
Por eso, ante tanta falsedad continua y continuada, no debemos permanecer mudos. No es necesario ‘alzar la voz’; vocea el que pretende tener razón sabiendo que no la tiene; el que pretende acallar la verdad del que la pronuncia; el sinvergüenza que busca la arenga de ‘sus semejantes’ para silenciar lo que no interesa que se conozca.