Qué indescriptible sensación se siente al encontrar un camino que nunca se creyó perdido. Huelleamos una senda que elegimos en su momento, pero diferentes decisiones han hecho que tomáramos un camino u otro, llegada la primera intersección. Y así debe ser. La elección es solo nuestra. Nuestro libre albedrío determina el horizonte al que encaminarnos. A veces, sientes que caminas por el camino equivocado, pero solo serás consciente de ello si detienes tus pasos, te silencias y te escuchas.
Cada día siento mis piernas más fuertes. Cada día escucho con mayor intensidad los latidos de mi corazón. Cada día agradezco ‘el tropiezo’ que me ha hecho levantar la mirada y comprender que había errado mi camino. Que creí mío, pero solo caminaba por él como sonámbulo, perdiéndome todo aquello que la vida me regala cada mañana cuando decide salir el sol, mientras la luna observa. He aprendido. Por eso no me importa ‘haber tropezado’, pues he renovado fuerzas para levantarme una vez más.