No todos los amaneceres son iguales, afortunadamente. Nada se repite, aunque nos lo parezca. No hay dos lunes iguales, ni dos jueves, ni dos domingos, ni dos días. No hay dos primaveras iguales, ni dos otoños, ni dos veranos, ni dos estaciones. No hay dos eneros iguales, ni dos junios, ni dos septiembres, ni dos meses. Cada instante es único e irrepetible. Y como tal, mi amanecer en el día de hoy ha sido muy distinto a otros ya vividos. Pero eso no significa que sea bueno malo. Sencillamente ha sido diferente.
Siempre, al despertar, agradezco a la vida la nueva oportunidad que me da para ser mejor de lo que fui el día anterior. Sin embargo, este amanecer, mi cielo ha despertado plagado de nubes grises. Pero no esas nubes grises que amenazan con descargar una fuerte tormenta, ni tan siquiera pequeña. Me refiero a ese tono suave que invita al recuerdo, al reencuentro con lo perdido (que no olvidado) y que guardamos en ese lugar especial de nuestro corazón en el que atesoramos lo verdaderamente importante, y que siempre nos acompañará, hasta el final del camino.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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Hoy mi mañana despertó gris
al igual que el cielo que me acompaña,
unas oscuras y amenazantes nubes
me han impedido ver el amanecer
de un nuevo día,
aunque no tengo duda alguna
de que el sol regresó, una vez más,
a nuestro encuentro pactado.
Se han agolpado en mi pensamiento
recuerdos de aquellos que ya partieron,
no son recuerdos acompañados de pena
son recuerdos preñados de instantes felices
que compartimos en un tiempo ya pasado
y que sé que nunca regresará.
Nunca lo he pretendido ni esperado.
No se puede desandar el camino andado
no se puede regresar a un tiempo ya descontado,
tan solo, mantener vivo su recuerdo y latidos,
y siendo este mi deseo,
permitirles que acompañen mi camino
permitirles que compartan mi tiempo
permitirles que regresen a mí
como lo hace el sol cada mañana
aunque yo no pueda verlo.
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