Qué quietud la de este amanecer. Me he levantado, como cada mañana, por el lado izquierdo de mi cama. He descorrido las cortinas, subido las persianas y abierto la ventana de par en par. He sentido el saludo de esta templada mañana de primavera, huérfana de viento, y he descubierto un cielo jalonado de amenazantes nubes grises. No tengo duda alguna: va a llover. No es ni bueno ni malo, simplemente es una constatación de la «locura» de esta colorida estación.
Las nubes parecen pintadas. Aparentemente inmóviles. El cielo se me antoja un lienzo pintado con delicadeza y con trazos firmes, con diferentes tonos grises, blancos y azulados que le conforman una belleza simpar y que solo pueden ser producto de la magia que la Naturaleza sabe expresar. El paisaje invita al paseo y no pienso demorarme. Saldré a su encuentro. Al encuentro de la lluvia y del viento, de las nubes y del azul del cielo, y de ese sol que, si quiere, volverá para nuestro encuentro.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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Hoy las nubes se han levantado grises
jalonando el cielo con su tristeza;
hoy el viento ha decidido ausentarse
dejando huérfanas las coloridas cometas.
Hoy el sol no ha salido a saludarme
pero yo pienso caminar a su encuentro
pues no tengo duda alguna
en el brillar de su luz, allá en lo alto,
tras esas nubes viajeras
que han decidido detener su camino
sobre mis sueños dormidos.
Hoy la lluvia viene a visitarme
hoy la lluvia viene a regalarme su compañía;
no necesita invitación alguna
para presentarse sin ser convocada
ni yo busco excusas para no aceptarla.
Descalzaré mis pies sin rubor
y dejaré que la lluvia regalada
acaricie ahora mi piel desnuda.
Aguas nuevas que viajan libres
acercando a mi memoria los jóvenes años
en los que mi inocencia conversaba
con otra lluvia
y con otro viento
y con otras nubes
y con otro cielo…
y con este mismo sol.
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