Dicen que «la Naturaleza es sabia», y estoy totalmente de acuerdo con esa afirmación. Los seres humanos –el menor humano de todos los seres vivos en muchas ocasiones– nos creemos el «ombligo del mundo», cuando somos más que insignificantes ante la inmensidad de lo que nos rodea. La vida la componen ciclos, miremos donde miremos. Círculos perfectamente imperfectos que hacen que todo funcione intentando el equilibrio que, a veces, se antoja imposible. Ahora se despide el verano. Ese verano en el que hemos atesorado recuerdos para guardar en nuestra memoria y poder «rescatar» cuando regresen otoños e inviernos, pues regresarán, al igual que la hará la primavera y un nuevo verano.
Con su regreso todo será distinto. Las calles no serán las mismas, aunque nos lo parezcan; los árboles, aun siendo los mismos serán diferentes, ya crecieron y sus sombra será otra; ni siquiera la arena de la playa será la misma arena, ni el agua del mar será la misma que en otro tiempo acarició esa orilla; ni tú serás el mismo o la misma, aunque cuando te mires al espejo no notes gran diferencia. Todo cambia, nada permanece, y con ello se renueva la vida y nuestra mirada. Solo nosotr@s seremos capaces, si nos fijamos bien, en hallar las sutiles diferencias. ¡Hasta pronto, verano, ya aguardo tu llegada! Mientras disfrutaré, con tu permiso, de este nuevo otoño que ahora llega.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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¿Hacia dónde partió el verano
ahora que las hojas del calendario
marcaron su final?
¿Hacia dónde sus amaneceres
y el anochecer de sus cálidas tardes?
¿Dónde quedaron las risas infantiles
y los juegos a la orilla del mar?
¿Dónde los paseos entre pinos,
robles y abedules, o sobre caminos
solitarios que serpentean los silencios?
¿Dónde queda todo lo que ya ha pasado?
Quizá el verano partió
hacia otras latitudes lejanas.
Sí, eso pienso, estoy seguro de ello,
partió en busca de las orillas de otros mares
de otras risas infantiles provocadas
por esos juegos que rescatan la felicidad,
partió en busca de otras cálidas tardes
que ya anochecieron
y de otros amaneceres que solo la mañana
sabe asomar al horizonte,
partió en busca de viejos caminos
que serpentean entre bosques y campos
entre llanuras y cumbres que acercan
a sus caminantes al cielo.
Las hojas de un calendario señalarán
ahora un nuevo solsticio de verano;
el ciclo de la Naturaleza continúa
sin preguntarnos parecer alguno
sin ni siquiera consultar nuestra opinión.
Regresará de nuevo este tiempo
que ahora partió
y me encontrará esperándolo
para saludar su llegada.
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