Unos versos pueden hacer visible «lo invisible» y no es cuestión de magia, simplemente es poesía. Esa que habita en cada parte, en cada rincón del mundo, de los sueños e incluso de las pesadillas. Mientras exista un pensamiento o un sentimiento, sea bueno o malo; sea positivo o negativo; sea aceptable o inaceptable, existirá la poesía. Incluso diría más, estoy convencido de que si no hubiera ningún poeta, ningún cerebro o ninguna mano que fueran capaces de escribir o pensar un poema, la poesía existiría y allí permanecería, paciente, a ser descubierta, pues la Naturaleza y todo lo que la habita está plagado de poesía, y no es necesario ningún ser «humano» para que tal condición se de. Os invito a que dejéis libre vuestra mirada para que salga al encuentro de esos versos que la aguardan.
En esta entrada he querido hacer unos versos con intención de que puedan hacer visible a l@s «invisibles». Esas personas —como nosotr@s— que sobreviven en nuestras ciudades y pueblos sin que «nadie les vea». Sin hogar, pero con sueños. Quizá algun@s esperando encontrar un camino que perdieron hace tiempo; quizá intentando entender qué les ha sucedido; quizá, simplemente, entender. Ahora se han encendido cientos, miles, millones de luces led que iluminen estas fechas, sin embargo, ell@s seguirán siendo «invisibles» por muchas luces de colores que iluminen su figura. Estos versos para ell@s, para tod@s ell@s. No creo que puedan encontrarlos y leerlos, pero tú sí. Que no te asuste el mirar de tu mirada, deja que te muestre la realidad y que el ruido de fondo, en cualquier fecha, no distorsione tu mirada.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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Unos cartones sobre el frío banco
de piedra situado en la esquina
sur de la plaza
utiliza como colchón,
en sus laterales no leerás
Pikolín o Emma o Flex…
En grandes letras de color rojo:
BOSCH,
y en letras de color negro, más pequeñas:
Frigorífico americano
Acero antihuellas
Total No Frost.
Para nada le serviría su contenido
tan solo el continente
ese continente que acompañará
sus noches o sus tardes
o sus frías mañanas,
esas que el otoño despierta
en las ciudades de interior.
Sueños perdidos entre los dobleces
de una caja de cartón
que guarda en su «memoria»
la figura de su cuerpo,
más avejentado de lo que debiera
según recoge su carné de identidad.
Identidad.
¿Qué identidad
tiene una persona «invisible»?
¿Qué identidad
tiene el que vive «sin techo»,
al raso o en la calle,
esa calle por la que pasean a diario
cientos de personas,
miles en estas fechas
llegadas de barrios periféricos
o de otras ciudades
o de otras provincias
o de otras comunidades
o de otros países…
Seguirá siendo «invisible»
nada ni nadie iluminará su figura
por miles o millones de luces led,
de incontables colores
e indescriptibles y caprichosas formas,
adornen calles, plazas, avenidas,
fuentes, fachados y escaparates.
La «ceguera» egoísta
que padece esta sociedad
no permite ver lo molesto,
lo incómodo,
la parte real y verdadera que vive,
también, en esta ciudad
en nuestra ciudad.
Lo «invisible» solo se hace visible
si abres tus ojos
y miras a tu alrededor
de frente y con valentía.
No necesitas luces que te lo iluminen
que te lo señalen
que te lo enseñen
deja, simplemente, que tu mirada
te lo muestre
por muy incómodo que te resulte,
muchos de ellas y de ellos,
en algún momento,
tuvieron casa, familia, amigos
y por una u otra razón…
¡qué más da!
se perdieron, quizá ahora, simplemente,
no sepan encontrar su camino de vuelta.
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