No sabría decir cuál es el mejor momento, instante o época del año para acercarnos a nuestros recuerdos. A mí siempre me ha gustado, para ese encuentro, el otoño, quizá por esa parte de nostalgia que abraza esta estación. No obstante he de confesar que, de un tiempo a esta parte, quizá por el cumplir de los años, me apetece volver a algunos recuerdos. No porque «cualquier tiempo pasado fuera mejor», sino por el simple hecho de traer a mi memoria, a mi corazón o a mi lado, instantes que sé que me van a reconfortar; o me van a hacer sonreír; o sencillamente que me van a regalar un instante de felicidad. Sé que hay personas a las que no les apetece en absoluto entrar en el «desván de su memoria», no sea que les asalten recuerdos que no quieren recordar.
Con el tiempo «relativizamos» muchas cosas, también los recuerdos. Deberíamos ser conscientes de que todo lo que hemos vivido, con nuestros aciertos y errores nos han traído hasta el lugar en el que cada uno nos encontramos. Y estando ahora, tú y yo, en un mismo lugar, solo será «aparentemente» el mismo lugar, pues la mirada que yo tengo, de lo ya vivido, es distinta a la que tú tienes, con lo que has vivido. Creo que la muerte del ser humano está en cuando se pierden los recuerdos. Confieso que le tengo miedo. Tengo miedo a no recordar sitios, lugares y personas que se cruzaron en mi camino. Sobre todo personas o sensaciones. Quizá por eso me guste recordar. Y a ti, ¿te gusta recordar?
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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Hoy he querido subir
hasta el desván de mi memoria,
hacía tiempo que no visitaba
ese mágico lugar
en el que se guardan las huellas
de nuestro caminar por esa senda
que iniciamos antaño
y que nos ha traído hasta aquí,
hasta esta improvisada meta
en el que cada uno nos encontramos.
Ningún camino es igual
ningún camino conduce
a un mismo lugar
por mucho que pudiera parecer.
Entre aquel lejano inicio
y este presente que nos acompaña,
que al instante ya es pasado,
cientos de encrucijadas
tal vez miles
nos han salido al encuentro
esperando nuestras decisiones.
No sé qué encontrarías tú
en ese desván tuyo
si te apeteciera entrar
pues cada cual guarda
lo que quiera guardar
y cada quien halla
lo que quiera hallar.
Déjame que te comparta
esta mañana de otoño
las tres cosas que primero encontré:
la sonrisa de mi madre;
la dulce mirada de mi madre;
y de mi madre el susurro
de un «te quiero».
Y tú,
¿qué tres primeras cosas hallarías?
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