Hay un proverbio chino que dice (más o menos): «El aleteo de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». Que viene a decir que cualquier efecto, por muy pequeño que se nos antoje, pude desencadenar un caos en otro lugar por muy alejado que esté. Posteriormente, y dentro de la «teoría del caos», lo recogen como el «efecto mariposa» ampliando y amplificando ese simple y suave movimiento en algo caótico con resultados efectivos a corto o medio plazo. Yo si os soy sincero, quizá por la vertiente poética que guarda, prefiero quedarme con el proverbio. No voy a enzarzarme o perderme en teorías, para eso ya hay mucha gente inteligente. Yo prefiero mirar, reflexionar, cuestionarme y sacar mis propias conclusiones. Por ello, continúo con la vertiente «poética» de ese aleteo.
Quizá uno de los insectos más curiosos (seguro que expertos entomólogos conocen algunos más curiosos), sea la mariposa. Por esa evolución y transformación desde que es un huevo, hasta que puede batir sus alas al viento, pasando por las diferentes fases. Todos somos diferentes, incluso podemos transformarnos (no como una mariposa) pero sí atendiendo a los diversos acontecimientos que vivimos y, porqué no, sufrimos o padecemos. Toda esta reflexión nace de la lectura. Sí, aunque parezca no tener sentido. Bueno, o para ser más concreto, de una «pausa en la lectura» que hice una mañana y me encontré con ella. Os la presentaré en estos versos que ahora siguen. #Felizlectura #FelizPoesía #FelizSemana.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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Alcé la mirada del libro
que estaba leyendo
y entonces la vi,
pequeña, ligera, delicada…
Su aleteo me recordaba al silencio
y me abordó un solo pensamiento:
«¿provocaría, este suave movimiento,
una tempestad al otro lado del mundo?»
No lo sé
quizá debería escuchar las noticias
por lo que pudiera suceder.
Ahora es así: bella, colorida, libre…
¿Y antes?
Antes fue otra cosa diferente,
diferente a quien ahora
habla y danza con el viento;
diferente a quien ahora
se posa sobre el rosal lunar
que observo desde mi ventana;
diferente a quien ahora
revolotea entre el olivo y el sauce
entre cipreses y almendros;
diferente a quien ahora
se mira sobre el espejo del agua
que con su danzar adorna.
Antes huevo inmóvil
amarrado quizá a la rama
de un árbol pasajero;
y fue después oruga
que caminó sobre hojas y tierra;
y fue después crisálida
envuelta en traje de seda.
Ahora grácil mariposa de vivos colores
que juega con la pausa precisa
que determina la fugacidad del tiempo.
Tendré que estar de las noticias atento
quizá se desate una tempestad
«allende los mares»
y pocos lo puedan contar.
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