Cuando la vida duele la poesía mitiga ese dolor

logoEl pasado viernes falleció mi cuñado. Ninguno lo esperábamos. Se llamaba Julio y tenía 64 años. Un infarto fulminante, señaló el médico que certificó su defunción. Ver el dolor en su mujer, en su hijo, en su hija, en sus hermanos, en su hermana… Ver el desgarro de la pérdida, del dolor irremediable, sentir esa garra invisible que aprieta tu corazón hasta que el dolor del vacío dejado muestra su rostro, y el dolor físico aparece y parece que no hay aire a tu alrededor que te permita respirar, al menos una vez más. La vida regala, no tengo duda alguna; como no tengo duda alguna en que la muerte forma parte de la vida y que empezamos a acercarnos a ese final desde el mismo instante que llegamos. Es algo que no deberíamos olvidar y tenerlo presente más veces de lo que, la mayoría, lo hacemos.

No sé si la muerte es el final; no sé si la muerte es el principio. Lo que sí sé es que la muerte duele, siempre. Si bien, cuando su “visita” es inesperada, ese dolor se acentúa y consideras injusta su presencia, y te abordan y asaltan infinidad de preguntas vacías de respuestas, o cargadas de respuestas que no tienen sentido o, simplemente, no aceptas, pues el dolor es tuyo y parte de las raíces más profundas de tu ser. Ha muerto mi cuñado, como lo haré yo llegado mi tiempo (espero que tarde), como lo hará el resto de los mortales. Mientras tanto, seguiré escribiendo poesía; siempre mi consuelo.

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Si te apetece puedes escuchar el poema

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La vida es un suspiro

un aleteo de mariposa

un pestañear de mirada

un solo latido, sin eco,

un partir cuando acabas de llegar

un hola sin adiós

un estoy y no estoy

un ser y no ser

un… ya.

 

Agotamos nuestro tiempo

inconscientes de su verdadero valor

de su fugacidad de su tránsito irrecuperable

hasta que alguien parte

y descubrimos su brevedad

un instante finito

que no cabe en la despedida

un instante con dolor eterno.

 

El tiempo se ha agotado

sin que nadie lo advirtiera.

 

Ya no quedan suspiros

ni mariposas que batan sus alas

ni miradas que miren horizontes

ni el simple eco de un latido

ni el partir tras la llegada

ya no quedan adioses

ya no estás,

ya no,

tan solo abrazo tu recuerdo.

© ChC

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:(

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2 comentarios:

  1. Ascension Diaz

    Excelente poema de José Manuel Contreras.

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