La tristeza, también se siente cómoda entre versos

logo¡Qué tiempos estos que vivimos! Lo digo en general, pues me sería muy difícil particularizar, ya que me refiero a TODOS los ámbitos, desde los personales a los ajenos; desde los próximos a los más alejados, desde los que pisan tierra a los que no tocan cielo…, donde nada es lo que parece y lo que parece nunca es. Permitidme, no obstante, que aluda a ese empeño (no sé bien por parte de qué «gurús ilustrados»), de decirnos, una y otra vez, que no debemos estar tristes; que busquemos la felicidad; que TODO está a nuestro alcance; que somos el CENTRO del Universo y que el Universo habita en nosotros…

Ya, pero entonces, si me siento o estoy triste, ¿soy un incapaz o un fracasado? ¿Si no alcanzo el sueño soñado, es porque no era para mi, o no me he esforzado lo suficiente? Creo, y lógicamente es mi opinión, que debemos estar abiertos y abiertas a sentir, a percibir, a empatizar…, a creer en imposibles. Y si una mañana (o más), me apetece abrazarme a la tristeza, o dejar que ella me abrace ¿dónde está el problema? Y si me apetece llorar en lugar de reír, ¿dónde está el problema? Quizá estemos perdiendo la capacidad de sentir y, sobre todo, de identificar nuestros sentimientos, olvidando que, gracias a la tristeza (si la identificamos), conocemos la alegría (cuando nos llega). Hoy me siento triste, mañana…, qué más da, aún está por llegar. Disfrutaré ahora de su compañía.

Continuar leyendo