Decenas, centenares o quizá miles de pensamientos nos abordan cada día, estemos donde estemos, o hagamos lo que hagamos. No deberíamos «luchar» contra esa «intromisión», a veces inoportuna. Todo lo contrario. Dejémosles entrar y que recorran todo el espacio que quieran recorrer. Una vez que los detectemos y transcurrido el tiempo que consideremos les invitaremos «a salir» para que dejen lugar a otros pensamiento nuevos o, simplemente, que nos dejen hacer aquello en lo que estábamos centrados. Luchar contra un pensamiento «empeñado» en abordarnos, y «vencerlo», va a ser una tarea agotadora y llena de dificultades. Lo mejor, dejarles entrar, y seguidamente señalarles la «puerta de salida».
Tras esa pugna diaria, he querido dibujar unos versos en este domingo de otoño. Pensamientos que nos abordan cuando menos los esperamos y, aparentemente, sin «justificación» alguna. Quizá tenemos «algo pendiente» que no nos decidimos a abordar y de forma recurrente nos viene a visitar. Quizá tan solo un pensamiento pasajero que tampoco tiene mucha intención de quedarse, pero puede «incomodarnos» su presencia. Los pensamientos son libres y tienen su tiempo y su momento. Debemos «dejárselo claro». Aprendamos a ordenar y gestionar nuestros pensamientos para que no aparezcan cuando quieran buscando «enfrentamiento», o quizá ta solo busquen una solución. Pero si consideramos que ahora «no toca», se lo dejamos claro y seguimos camino. Hay mucho por andar.