Cualquier estación es buena para soñar. Cualquier estación es buena para reflexionar o pensar. Cualquier estación es buena para abrazar recuerdos, palabras o silencios. Cualquier estación es buena para vivir. Cualquier estación es buena para partir. Sin embargo, el otoño se me antoja como ese tiempo ideal para encontrase con uno mismo; repasar lo acontecido desde el último otoño, y proyectar los sueños hasta el que está por llegar.
Sus colores cálidos pintan de ocres, dorados, rojos, verdes suaves y luminosos amarillos nuestro mundo. Los grises pueblan nuestros cielos, pero una luz especial ilumina las sombras acompañando soledades mientras sigue respirando la vida. Porque la vida, después de todo, sigue latiendo. He sacado mi paleta de otoñales colores y he pintado de palabras mi cuaderno; la luz entraba por mi ventana.