Agradecerle a la vida todas las oportunidades que me brinda para poder cumplir mis sueños. Agradecerles a muchas personas que «intervienen» para la consecución de esos sueños. Agradecerle al Universo que se alinee con todos los astros para que todo sea. Siempre agradecido a todo y a tod@s. Nadie dijo que la vida fuera fácil, y si alguien nos lo dijo, sencillamente nos mintió. La vida tiene luces y sombras, pero guarda una belleza que nadie puede discutir, aunque a veces nos sea difícil identificarla.
Debo agradecer a la Asociación “Verso Abierto” la oportunidad que me han dado al permitirme participar en el homenaje que se le hizo en el día de ayer, en el Centro Cultural “Casa de Vacas” de Madrid, al escritor leonés Luis Mateo Díez, nombrándole socio de honor 2025. Se le hizo entrega de una antología tributo a su vida y obra en la que participamos 59 autores de todo el territorio nacional, con el académico José María Merino como prologuista, bajo el título: ‘Palabras desde Celama’. A continuación podéis leer y escuchar el poema dedicado a mi paisano.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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Se despedía el verano del 42
y en la vieja casona se escuchó
el llanto de un recién nacido,
y a la postre sería
un poeta, ensayista y narrador
alimentándose de las jugosas palabras
que fue escuchando en los filandones
aquellas lejanas noches de invierno
en derredor a las crepitantes chimeneas
que enviaban al oscuro cielo nocturno
blanquecinas Señales de Humo.
En el noroeste leonés
Villablino,
en su montaña oriental
Puente Almuhey,
y entre valles, páramos y caminos
siento que podría hallar
el viejo Reino de Celama.
Aguas del Sil conociste
caminando hacia su ansiado Miño
hasta alcanzar una mar océana;
aguas del Cea conocí
caminando hacia su ansiado Duero
hasta alcanzar la misma mar océana.
Quizá aquellas aguas distantes
conducidas hacia el mismo final
unieron un cielo que juntos miramos
aun en la distancia;
quizá aquellas palabras que escuchaste
fueran mi alimento manando de otras bocas;
quizá, y solo quizá, pisamos caminos
que discurrían serpenteantes por el viejo Reino
que encontraré, sin duda, en aquel lugar
en el que habitan los sueños.
Gracias por ser luz en El Oscurecer
gracias por ser palabra;
gracias por ser viento en El Espíritu del Páramo
gracias por ser cuento;
gracias por mostrarme La Ruina del Cielo
gracias por ser huella;
gracias por haber llegado
cuando el verano partía
y las noches se preñaban de estrellas
sobre los valles y montañas leonesas.
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