Los que me seguís, en este lugar de encuentro, sabéis que soy el mayor de siete hermanas y hermanos. Llevamos mucho tiempo, demasiado, sin poder abrazarnos y besarnos como siempre lo hemos hecho, recargando nuestra alma y nuestro cuerpo con una energía incomparable, que solo el amor que nos tenemos nos permite sentir. Sé que muchas y muchos de vosotros sentís esa falta, respecto de las personas que amáis. Nos hemos visto los siete, y no hemos podido tocarnos y sentirnos. Era recomendable. Era necesario. Era, lo que debíamos hacer, por responsabilidad.
Sé que todo esto pasará, no tengo duda alguna, pero creo que nadie, y digo NADIE, sabe cuándo llegará ese ansiado final. Nos pareció, en un momento (o en muchos momentos), ver la luz al final del túnel, cuando en realidad era un tren que viajaba hacia nosotros a toda velocidad y con total decisión; en la locomotora llevaba escrito su nombre: ‘Ómicrom’. Y no era un espejismo. Espejismo fue creernos que ya se veía la luz.