Llevamos un tiempo, creo que demasiado, y no parece que “el temporal” vaya a amainar, en el que la pandemia está alterando nuestra “forma de vida”. Ya no solo a los adultos, en los que está observando algún tipo de trastorno, tanto físico como sicológico. Me refiero a nuestros “PEQUES” que han estado, en diferentes fases, sin poder salir de casa; sin poder asistir a clase; sin poderse quitar la mascarilla; asistiendo al colegio, permanecido con las ventanas abiertas, con independencia de las condiciones climatológicas; debiendo vacunarse.
Si a nosotros, los adultos, nos está afectando ¿Qué sucede con nuestros hijos, nietos, hermanos o sobrinos? ¿Qué les pasa por sus cabezas, con todo lo que escuchan y observan? Si nuestros miedos son grandes, nos atenazan, nos bloquean y nos confunden ¿Cómo son los suyos? ¿Y sus efectos? Creo que se merecen toda nuestra admiración por cómo lo están gestionando, en líneas generales, pues hay algunos jóvenes que esta situación les tiene desbordados. Otros, sin embargo, no parecen muy conscientes de ello. Quizá mejor.