Ya lo he referido en alguna otra entrada. Ser padre es algo maravilloso que, a veces, te regala la vida. En mi caso soy padre de dos hijas maravillosas a las que amo hasta la locura, o quizá hasta la cordura que procura la locura. Pero el ser abuelo, ahora que lo soy, en mi caso de una nieta, me siento un verdadero privilegiado por este nuevo regalo. La vida tiene muchas cosas maravillosas y esta, sin duda, es una de ellas. Por eso: GRACIAS, vida, por tu generosidad para conmigo y para con la gente a la que amo.
En estos versos, he querido acercar una conversación, ¿real o imaginaria? –eso es lo de menos– de una nieta con su abuelo. A mí, que la gente que me conoce sabe que me gusta jugar con las palabras y descubrir su magia, permitidme que os alumbre sobe la palabra: abuelito, que es como me llama mi nieta. Es una palabra mágica –al menos para mí–, pues contiene las cinco vocales de nuestro abecedario ¿Os habíais fijado en ello? Disfrutad de la vida, solo tenemos una.