Hace unos días, conversando con algunos locos y locas enamorados de la poesía, hablábamos sobre la fuerza que debe tener la poesía y la palabra; la palabra y la poesía, para denunciar situaciones de nuestro entorno que se hacen intolerables. Situaciones de las que se habla mucho; se reconocen; se sabe de su gravedad; pero parece no hacerse nada, o no lo suficiente. De ahí, que muchos de mis versos vayan en ese sentido. Despertemos.
Recordando esas conversaciones; con la llegada de las vacaciones escolares; viendo y conociendo cómo familias ‘dan de comer’ a sus hijos gracias a los comedores en los colegios; familias con dificultades económicas; familias que acuden a ‘bancos de alimentos’ para poder dar de comer a sus hijos; familias a las que su angustia diaria les sitúa al margen de una sociedad que crece (dicen), de forma desigual e injusta… Os presento, en mis versos, a Dani, pero daría igual el nombre; daría igual la familia; daría igual los hermanos o hermanas. Son gente visible, a los que no debemos dar la espalda.