Compartir unos versos, es compartir el corazón

logoNo sé si os pasa a menudo, el preguntaros a vosotros mismos sobre ‘todas las cosas’. Me refiero a situaciones sobre la vida cotidiana, sobre el día a día, y si reflexionáis sobre ello. O, simplemente, y no es una crítica, pues cada una y cada uno elige su forma de ver y entender la vida, os limitáis al pasar de los días y afrontarlos según amanecen, sin cuestionaros muchas situaciones. Yo me pregunto y me cuestiono sobre infinidad de situaciones o circunstancias.

Hace tiempo llegue a una conclusión, en cuanto a mi corazón, y no me refiero al músculo que bombea la sangre de mi cuerpo y me permite la vida. Me refiero a esa parte intangible, en el que habitan los sueños, las esperanzas, las frustraciones, el amor hacia los demás…, y otras muchas cuestiones, y concluí que es un corazón compartido. No es un corazón partido (que dice la canción), ni roto, ni mutilado, ni frustrado, ni quebrado…, ni nada que signifique que no funcione bien.

Es un corazón que comparte su Amor con familia y amigos, pues siento que hay espacio para todos ellos sin que merme un ápice lo que siento. Si me apuráis, todo lo contrario, pues cuando me siento bien conmigo me siento bien con mi entorno, aunque parte de mi familia y amigos no estén próximos físicamente, siento en el latir de este corazón compartido su presencia, y mis sentimientos hacia ellos. En estos versos que comparto este domingo de invierno, él sabe que ella recibirá su mensaje, pues sus corazones siempre están conectados.

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Si te apetece puedes escuhar el poema

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Abrió de par en par las ventanas

del cómodo salón en el que ahora

pasaba sus horas

como nunca antes las había pasado,

al igual que abrió aquella lejana madrugada

su corazón de par en par a ese amor

sin condiciones cuando se cruzaron sus miradas.

 

Entornó con suavidad sus ojos

mirando sin mirar donde amanece el día

hacia ese lugar en el que se funden tierra y cielo

esperando pacientes que pasen primaveras y otoños,

y llenando sus pulmones con el aire nuevo

que le regalaba esta soleada mañana

dijo en silencio ‘te quiero’,

sus labios susurraron después un nuevo ‘te quiero’,

y se escuchó,

y escuchó resonar mil veces el eco de su voz

volviendo a llenar su alma de sueños.

 

Elevó ahora hacia donde viajan las nubes

de nuevo un ‘te quiero’,

y se escuchó,

y sin abrir aún sus ojos repitió una vez más ‘te quiero’,

y otra más,

y otra

y…,

y su voz se escuchó más allá de aquel alejado horizonte

que ahora sí miraba su mirada

con sus ojos abiertos de par en par.

 

Se detuvieron aquellas y aquellos

que caminaban por las aceras

y los que andaban en bicis

por aquel carril asfaltado

y los coches detenidos en los semáforos

permitieron descender a sus ocupantes

mirando ahora todos ellos y ellas

hacia aquella ventana abierta de par en par

desde la que él lanzaba innumerables ‘te quiero’

al viento.

 

Unos pensaban que se trataba de un loco,

otros que el encierro le había trastornado,

otros simplemente sonreían en silencio,

los más saludaban creyendo entender,

mientras él continuaba sin importarle

aquello que pensasen, opinaran o dijeran.

 

Aquel viento de invierno

quiso llevar el eco de sus ‘te quiero’

sobrevolando valles y riscos,

por encima de ríos y lagos

y atravesando estrechos y océano

entregó sin demora aquel mensaje,

aquello que sentía manar de ese corazón compartido

mostrando lo que era la felicidad del instante

que, algunas veces, nos regala la vida.

 

A miles de kilómetros ella abrió su ventana

de par en par aquella mañana de invierno

y sintió la llegada de un cálido viento

que acariciando su rostro le acercaba el eco

de los incontables ‘te quiero’

que él le envió aquel amanecer

cuando recordó el dulce cruzar de sus miradas.

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:)

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2 comentarios:

  1. La felicidad del instante.
    Los demás que piensen lo que quieran.
    Bonita inspiración te trajo ese encuentro de miradas.
    Un abrazo.?

    • Txema Contreras

      Gracias, por tus palabras, mi querida Amiga.
      Creo que la felicidad no es un ‘estado’. Es imposible vivir las 244 horas los 365 días del año ‘feliz’. Sin embargo, todo ese tiempo está trufado de maravillosos instantes de felicidad, que hacen que la vida sea maravillosa. Ese instante puede nacer de una mirada, de un recuerdo, de una sonrisa, de un amanecer, del danzar de las olas…, de donde menos esperemos, pero permitirá que nuestro corazón pueda latir acompasado con el instante vivido.
      Cuídate mucho, por favor.
      Besos.

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