A veces, algunas veces, la vida en común en una pareja resulta complicada, tan complicada que puede terminar en ruptura, porque esa vida que se había iniciado ahora tenga poco sentido, o no tenga sentido alguno. Quizá porque nunca debió ser una vida juntos; quizá porque se perdió o se extinguió el fuego –o la llama, o le que hubiera prendido–; quizá porque uno dejó de sentir lo que antes sintió –o creyó sentir–. Considero que cuando una convivencia no aporta lo mejor es buscar otro rumbo. Quizá ese no era el camino; quizá fue el camino necesario hasta llegar a otro; quizá, al igual que tuvo un inicio debía tener un final. Creo que son demasiados «quizás» para una situación tan «sencilla» como una vida en pareja (da igual: chica/chica, chico/chico, chica/chico…). Las relaciones humanas son sencillamente complicadas.
No obstante, al menos a mi me sucede, si me encuentro perdido; si no sé si el rumbo que llevo es «el correcto»; si no tengo horizonte al que mirar cada amanecer; si no soy capaz de mirar el mundo que me rodea; si confundo las estrellas de la noche con las estelas en la mar…, sencillamente me sumerjo en la poesía. Creo que cuando estás perdid@ es la mejor de las brújulas. Deja que el verso te acompañe; deja que tu mente se mezcle entre sus palabras; mira más allá de sus «entreversos» de déjate llevar; haz tuyo lo que el poeta escribió y escucha sus palabras entre tus labios. Hay veces que no sabemos qué queremos, pero sí estamos seguros –aunque nos pueda dar miedo reconocerlo– lo que no queremos. Prueba a tomar otro camino, quizá te ayude a entenderte.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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No se cruzaron palabra
y en lugar de ello
decidió seguir su camino,
sin mirar atrás
sin mirar al frente
sin mirar pasado ni presente
ni tan siquiera futuro,
tan solo caminar sin rumbo fijo
tan solo con la mirada
observando la cansina cadencia
de sus descuidados pasos.
Desconocía senda y meta
desconocía paisajes y estaciones
desconocía todo de él
y desconocía todo de ella,
quizá siempre fueron
dos auténticos desconocidos.
De lo que sí estaba seguro
de lo que no tenía duda alguna
era de lo que no quería.
No quería desidia
no quería costumbre
no quería rutina programada
no quería palabras vacías
no quería silencios sin alma
no quería una solitaria cama
donde ya no estaban
aun permaneciendo,
donde ya nada era
donde no había sueños
ni palpitaban versos
donde las noches
eran semejantes a los días
y las estrellas se confundían con la mar.
No se cruzaron palabra
y en lugar de ello
decidió seguir otro camino.
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