Me gusta agradecer. Me gusta ser agradecido, o más que gustarme, necesito agradecer todo aquello que me regala la vida; o más que necesitar, es querer; quiero agradecer todo aquello que me regala la vida. Me regala una nueva noche con la que disfrutar de mis sueños y reponer fuerzas; me regala un nuevo día para que pueda disfrutar de la belleza que encierra todo lo que me rodea. Es importante la mirada, nuestra mirada. La forma en la que miramos TODO a nuestro alrededor nos proporcionará alegría o desdicha. Aprendamos a mirar cada día, pues es único e irrepetible. Es un tiempo que debemos aprovechar llenándolo con todo aquello que nos proporcione alegría. Solo nuestra felicidad podrá hacer felices a aquellas y aquellos que nos quieren, y a los que queremos.
Hay mucho ruido a nuestro alrededor. Demasiado ruido que nos impide mirar con claridad todo lo que nos rodea. Si el ruido no nos permite mirar, avanzar, pensar, sentir, escuchar, hablar, amar…, detengámonos un instante; un instante tan breve como consideremos necesario, y miremos. Miremos lo verdaderamente importante. Dejemos abiertas, de par en par, las ventanas del alma o del corazón dejando de lado el molesto ruido que nos impide ver con claridad. Debo confesar que la poesía me ayuda a despejar esa mirada; me enseña a mirar de diferente forma a la que miran muchas personas con las que me cruzo, en mi día a día. Permitidme que comparta estos versos; permitidme que comparta esta mirada, en esta mañana de primavera.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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Amanece,
la mañana despierta
ciudades, pueblos y aldeas
caminos, calles y plazas
campos, playas y montañas
haciendo danzar las sombras
acomodadas durante la noche.
El día se abre paso
desperezando una ciudad
que dormita sus sueños
desalojando pesadillas y quimeras
que abrazan, sin consuelo,
el desasosiego de sus dueños.
Desaparece el silencio
llenando el vacío dejado
con algarabías desordenadas
de voces, discusiones y risas
de motores de coches y autobuses
de móviles con estridentes sonidos
de músicas no deseadas
de públicas conversaciones privadas.
La pausa da paso a las prisas
de los que siempre parecen llegar tarde
de los que madrugan para trabajar
o de los que de trabajar regresan;
de los que madrugan para estudiar
o de los que de estudiar vuelven
de los que van y vienen
o de los que vienen y van
tan solo con la apariencia
de llenar espacios
que de otra forma estarían vacíos.
Amanece,
el sol juega con las nubes al escondite
saludando una primavera desordenada;
amanece,
y mientras miro desde mi ventana
un horizonte lejano
aplaudiendo el partir de las sombras
y agradeciendo la llegada, un día más,
de una nueva mañana.
© ChC
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