Me gusta poder decidir hacia dónde dirijo mi caminar. La vida está llena de encrucijadas en las que decidir, a cada instante, qué camino tomar, y dependiendo de nuestra decisión descubriremos un camino más «recto» o más «sinuoso». Eso no quiere decir, en ningún caso, que uno sea mejor que otro, tan solo que será diferente, pues antes de que nos demos cuenta llegaremos a otra encrucijada y deberemos decidir qué camino tomar. Quizá se nos presenten dos, o veinte, o cientos, o miles… Pero tan solo elegiremos uno descartando TODOS los demás. Reclamo mi derecho a equivocarme, a errar, a tropezar, a caer…, y a volverme a levantar y, si fuera posible, corregir; o quizá no. Lo pensaré. Será una decisión más a tomar después de levantarme tras una caída.
No quiero que nadie allane mi camino. No quiero que nadie decida por mí. No quiero que nadie piense por mí. Yo quiero ser quien piense, decida y camine, sin miedo a equivocarme. Creo que quien se equivoca es quien no decide, piensa y camina. Podemos abrir caminos o seguir los que otros ya abrieron. Entre estos pensamiento andaba cuando me llegó a la memoria un verso de Machado (Antonio): «…¿Adónde el camino irá?…». Y tomando ese verso como referencia, faro o guía, dibujé estos verso que ahora comparto con aquellos o aquellas que quieran acercase a ellos. Quizá vuestra decisión, en algún momento previo, dirigió vuestros pasos hasta aquí, donde ahora nos encontramos. Feliz camino.
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Si te apetece puedes escuchar el poema
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Camino sin saber
hacia dónde me llevan mis zapatos
como si yo no decidiera
dónde poner mi pie derecho
y después mi pie izquierdo
ignorando, entre esta disyuntiva,
que un horizonte anaranjado
observa silencioso mi caminar.
Quizá él sí conozca mi destino.
El viento está en calma
mientras mis recuerdos se alborotan
pugnado por salir a este amanecer
y acompañar esta soledad que reconforta
este pasear solitario que me permite
escuchar el latido de una nueva mañana
que hace tiempo no escuchaba.
Una sístole
después de una diástole;
un cielo sin nubes
sobre una senda solitaria;
un pensamiento
después de un sueño;
un «te quiero» lejano
perdido ya en el tiempo.
Errar el camino elegido
sin poder dar marcha atrás,
no es posible desandar
lo que ya se ha andado
tan solo los recuerdos
pueden acercar lo ya caminado.
Sin embargo,
no hay camino equivocado
sino senda por descubrir
pisadas que dibujan huellas
huellas que muestran caminos…
¿A dónde mi camino irá?
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