Todo es efímero y nada permanece, salvo la poesía

logoHan sido much@s l@s poetas que a lo largo de la historia han dejado muestras de sus creaciones, dándonos con ello prueba, inequívoca, de que la poesía permanece mucho después de que ya no esté entre nosotr@s quien la haya escrito. Yo creo que poetas han existido siempre, incluso antes de que descubriera la escritura, bien con jeroglíficos, con grabados o, simplemente, narrando sentimientos o miradas que su autor o autora quería transmitir. Dicen que el tiempo como tal «no existe», que es un invento del hombre para medir ciclos y con ello parecer que «controla» lo que es incontrolable. Ya lo dijo Einstein: «El tiempo es relativo». Con lo que estoy totalmente de acuerdo, pues no pasa igual el «mismo tiempo» para unas personas y otras, incluso para nosotros mismos tampoco el tiempo es el mismo cada día, o cada mes, o cada año.

Y aun siendo relativo, incontrolable y «traidor», es el que marca nuestra existencia y nuestra vida. Ciclos vitales que se repiten una y otra vez como en un ciclo sin fin, o que parece no tenerlo. No me refiero en esta ocasión a los ciclos de la Naturaleza, que tiene su «organización» y su tempo, aunque nos empeñemos en alterarlos, me refiero a los creados por el hombre, como el reloj o los calendarios. Manecillas que se persiguen hasta encontrarse y que vuelven a separase para volver a confluir, incansables. Hojas que caen según pasan los días y las semanas como si fueran las hojas de los árboles de hoja caduca. En estos versos que ahora comparto, he querido traer esa imagen y «recrearla», pues quizá sea todo; pues quizá sea nada.

.

Si te apetece puedes escuchar el poema

.

Caen las hojas del calendario

al igual que lo hacen aquellas

que prendidas cuelgan

de las altivas ramas de los árboles

de hoja caduca

los templados días de otoño.

 

Árboles desnudos frente al invierno

aguardando el letargo de la vida

bordean los sinuosos caminos

que serpentean por el viejo parque,

tan solo la alegre algarabía de las aves

rompe el monótono silencio.

 

Las verdes praderas

y las sendas sin destino

se alfombran ahora de ocres y dorados

y de azules y amarillos apagados

imágenes de una Naturaleza muerta

que pronto será fuente de vida

en un círculo que parece no conocer fin.

 

El tiempo pasa

sin que nada ni nadie lo detenga;

el tiempo avanza

sin tener en cuenta a nadie ni a nada;

el tiempo inexorable

todo y a todos atrapa

en un abrazo cuasi interminable

que tan solo la muerte libera;

principio de todo

o final de nada,

principio de nada

o tal vez final de todo.

© ChC

.

😉

.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *