Sigue corriendo el tiempo y siguen cayendo las hojas de los calendarios que se acercan, cada año, para darnos la oportunidad de crear nuevos recuerdos o de marcarnos nuevos propósitos. Nada se repite, aunque nos lo pueda parecer. Ningún año regresa; ningún enero es igual al que partió o al que está por llegar; ninguna primavera es igual a la que ya partió o la que está por llegar. No hay dos estaciones iguales —aunque tengan el mismo nombre—. No hay dos mese iguales —aunque les llamemos con el mismo nombre—. No hay dos días de la semana iguales —por mucho que nos lo puedan parecer al tener el mismo nombre—. Fijémonos en todo lo que está por llegar y dejemos que el tiempo pasado forme parte de nuestros recuerdos. Nunca lo olvidemos, pues fue el camino que nos trajo hasta donde ahora nos encontramos, pero ya quedó atrás.
He querido compartir unos versos, este primer domingo del nuevo año que ya nos acompaña, para no dejar que la poesía se silencie. En estos tiempos «convulsos» que vivimos la poesía, más que nunca, pide su espacio. La poesía habla; la poesía denuncia; la poesía no se silencia ni silencia; la poesía presta voz; la poesía sale al encuentro de l@s que andan perdid@s. No dejaré de escribir poesía nunca. Si lo hiciera dejaría de vivir, pues dejaría de sentir lo bueno y lo malo que la vida nos presenta. Siempre reivindicaré la poesía como forma de comunicar aquello que me rodea; aquello que mi mirada observa; aquello que mis oídos perciben; aquello que mi alma siente.
.
Si te apetece puedes escuchar el poema
.
No regresan los años
ni tampoco lo hacen los meses
ni las semanas ni los días
y mucho menos las horas
o los minutos o los significantes segundos;
si bien, las hojas del nuevo calendario
se nos ofrecen para regalarnos
instantes que construyan nuevos recuerdos.
Deshojaremos mes a mes el nuevo año
con independencia de nuestras decisiones,
acertadas o erróneas nada impedirá su caída,
hojas que se irán desprendiendo, en silencio,
aunque aún esté lejos el otoño.
Abrazarán despedidas y bienvenidas
arroparán «holas» y «adioses»
observarán llegadas y partidas
ya que la vida late entre ellas
aun sin entender la forma de hacerlo;
dibujarán sonrisas en rostros ávidos de alegrías
y senderos de lágrimas en aquellas miradas
faltas de la empatía que perdieron sus corazones.
No necesito que regresen los años
que ya he vivido;
no necesito que regresen los años
que ya pasaron;
no necesito que regresen
aquellos «maravillosos años».
Me alegra la llegada del nuevo año
y espero, paciente, la llegada de otros muchos,
será la inequívoca señal de que aún sigo aquí
atesorando nuevos recuerdos
soñando nuevos caminos
y escribiendo nuevos versos
que me acompañen
y que libres busquen nuevos destinos.
.
.
