Ya lo he comentado en numerosas entradas de este lugar de encuentro: la poesía habita en todos los lugares, incluso en los más insospechados, solo hay que saber descubrirla. Para mí, la poesía, es la disciplina que más desnuda el alma del autor o autora que cumplimenta sus versos. Y aunque me gusta escribir otros géneros debo confesar (y confieso) que donde más cómodo me siento es escribiendo esos versos que me laten dentro y que pugnan por salir a «ver la luz». Después serán libres y sé que no me pertenecerán, sus verdaderos dueños serán los lectores y lectoras que los hagan suyos y decidan guardarlos o, quizá, volverles a conceder su libertad. Quedará, siempre, a voluntad de quien los encuentre.
En estos versos que hoy comparto he querido «dibujar» algunos de los objetos, cotidianos, que quedan después de una ruptura; después de un decir: «adiós». En realidad no sabemos en qué momento alguien, en una pareja, empieza a despedirse, pues creo que no surge de repente. En algún momento algo se quiebra, y es cuando esos caminos que marchaban en la misma dirección empiezan a distanciarse, aunque aparentemente parezcan seguir hacia el mismo horizonte. Llega un momento en que pierden su «paralelismo» para convertirse en caminos individuales con rumbos diferentes. Lo que fue deja de ser y los que fueron han dejado de serlo. Continuar leyendo