Creo que una de las partes que más me llama la atención de las personas, tanto hombres como mujeres, son sus manos. No solo si están cuidadas o no; si tienen los dedos largos o cortos y si estos son finos o gruesos; si son grandes o pequeñas; si parecen ásperas o suaves. No. No es eso; o no es solo eso. Me refiero a toda la vida que han ‘observado’. A toda la vida que han ‘vivido’. A lo que han hecho o han dejado de hacer. Creo que las manos de las personas no pueden ocultar ‘aquello que ha sucedido a su lado’.
Muchas veces observo mis manos mientras trabajo; mientras como; mientras hablo; mientras pienso; cuando estrechan otras manos; mientras acaricio; mientras abro una puerta; mientras me aseo; mientras escribo viéndolas viajar sobre el teclado o cuando abrazan un bolígrafo. Me gusta mirar mis manos y compartir las experiencias que hemos vivido y las que, espero, nos queden por vivir.