Algunas veces he querido contar cuántos besos caben en un solo verso y, he de confesar que, cuando llegue a los mil y un beso, fui consciente de que nunca sería capaz de alcanzar la cifra final, pues tampoco es fácil conocer el número de estrellas del firmamento, el número de granos de arena de un desierto, o el número de gotas de agua de la mar océana. En un verso, puedo asegurar, caben tantos besos como lágrimas; tantas lágrimas como risas; tantas risas como sueños; y tantos sueños como vidas.
Creo que ya lo he manifestado en alguna que otra entrada. Estoy enamorado. Estoy enamorado del mundo y de la vida. Estoy enamorado de mi mujer. Muy enamorado. Sería capaz de asegurar que cada día más. Pero también he de confesar que, cuando nuestras miradas se cruzan buscándose, y se encuentran, la sensación que recorre mi cuerpo es capaz de erizar el vello que lo cubre.