Desde la poesía, también puedes hablar contigo mismo

logo¿Por qué nos empeñamos, muchas veces, quizá demasiadas, en no hablar con nosotros mismos? Y lo que quizá sea más importante: en escucharnos. Somos, o al menos deberíamos ser, nuestro mejor amigo. Al que le puedes (o deberías poder) contarle todo. De nada valdría la mentira o el engaño pues, a la larga, es muy posible que pagáramos un alto precio y, estoy seguro, no valdría la pena.

En algún momento es posible que la conversación se ponga un poco tensa. Incluso escuchemos palabras que no nos gusten. ¿Y qué? ¿Dónde está el problema? La sinceridad no se comparte para hacer daño al que la escucha, se comparte para mostrarle al otro lo que quizá no vea (o no quiera ver). Podemos ser el espejo en el que se refleje una imagen que, quizá, no nos guste ver. Pudiera ser el momento de cambiarla. Pero, para ello, deberíamos hablarnos y escucharnos; escucharnos y hablarnos. ¿Por qué no empezar hoy?

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