El otro día mi hija pequeña hizo un comentario, yendo en el coche, que me hizo reflexionar sobre el tiempo y el espacio. Creo que siempre, hemos viajado hacia el futuro, dejando en el pasado tan solo recuerdos y experiencias vividas (o que no nos atrevimos a vivir), pues caminamos hacia el instante inmediatamente posterior al instante pasado. Jamás nos detenemos en el presente, pues éste, indudablemente, es efímero, inapreciable ‘al ojo humano’.
Sin embargo, aunque podamos sentirnos ‘prisioneros’ del tiempo, no sé cuál es la mayor condena, si ser un ‘contador’ inalterable, o vivir el tiempo asignado en esta travesía que es la vida. Yo, ‘me condeno’ a vivir esta vida e intentar hacer felices a aquellos que tengo cerca. Y sobre todo, ‘me condeno’ a sentir con todos los sentidos que mi cuerpo y mi alma me concedan. Quiero sentir todo lo que me rodea y no ser un simple espectador. No necesito ser el ‘actor principal’, pero sí quiero permanecer en escena.