Qué importante es mirar para poder ver todo aquello que nos rodea. Qué importante sería que comprendiéramos lo insignificante que es el Ser Humano —el menos humano de todos los seres—, para entender lo que habita a nuestro alrededor. Nos creemos, muchas veces —creo que demasiadas— el «ombligo del mundo», el «centro del universo» cuando en realidad somos una parte «insignificante» de un Universo infinito. Hace tiempo que perdimos la empatía; hace tiempo que perdimos la generosidad; hace tiempo que perdimos la humildad; hace tiempo que perdimos la solidaridad. Hemos dejado que el egoísmo y el «yoismo» nos abrace y se acomode a nuestro lado, viviendo de espaldas a lo que sucede a nuestro alrededor.
Reflexionando sobre ello me he adentrado en un parque de mi barrio, cubierto con mi gorro de lana, dejándome abrazar por mi anorak y permitiendo que mis manos busquen acomodo en sus bolsillos, para protegerme de esta mañana de invierno en la que el sol ha salido a saludarme. Algunos charcos sobre el camino daban muestra de que la noche anterior la lluvia había visitado «mi parque», regalándole «diminutos mares de agua dulce». He mirado sus orillas y he dejado que mi mirada me guíe hacia este nuevo mundo; un mundo desconocido y efímero; un mundo lleno de otra vida diferente a la que vivo; un mundo, quizá, insignificante para mí, pero necesario e imprescindible para otros habitantes de este mundo que compartimos. Feliz Lectura. Feliz poesía.