Los años van pasando sin que nada ni nadie pueda detenerlos, o ralentizarlos a su antojo o conveniencia. Esto es muy buena noticia, aunque pudiera no parecerlo en un primer instante. ¿Te imaginas que alguien pudiera «controlar» el tiempo? Según como está, este lugar al que llamamos «Mundo», no nos faltaba más que algún «indocumentado», «salvapatrias» o «falso profeta» lo controlara. Qué feliz me siento despidiendo un año más y dando la bienvenida al que pronto amanecerá para regalarnos, porque la vida, siempre regala, solo tenemos que estar atentos y percibir sus regalos como lo que son. Disfrutemos de lo que tenemos y que no nos obsesione lo que «no tenemos».
Para despedir este año que llega a sus últimas horas, he querido compartir unos versos en los que la pérdida se hace patente. La importancia del amor; del recuerdo; de la amistad; de la comprensión; de los latidos acompasados… Un adiós —quizá solo sea un «hasta luego»—, de dos almas que han caminado juntas y que ahora deben despedirse porque una «ha de partir» antes de llegada su hora. O Tal vez sí haya llegado su hora. Nunca sabemos cuando finaliza nuestro camino, sí cuando finaliza un año, pero no cuando lo hace un camino. Estemos preparados por tanto y que no nos «pille» con «tareas pendientes». De ahí la empatía, la solidaridad, el abrazo, las palabras sinceras… Ella era mi amiga y ya no está, pero su latido es parte de mi con tan solo pensarla.