Yo no sé si te pasa a ti, pero yo estoy cansado, muy cansado del ruido que hay a mi alrededor. Me refiero a ese ruido creado y difundido para que no «podamos pensar». No importa si ese ruido nace de la mentira o de medias verdades; no importa si ese ruido viene del este o del oeste, del norte o del sur. Venga de donde venga, o nazca donde nazca NO deja de ser ruido. No tengo duda de que es un ruido creado para desorientar y confundir a quien lo escucha. Creado, exclusivamente, para NO dejarnos pensar. Ese ruido pretende que nos aprendamos lo que entre sus desafinadas notas se oculta magistralmente: mentiras, falsedades, odio, desafección. Ya estoy más que cansado de este laberinto en el que nos pretender enredar para que terminemos odiándonos unos a otros, mientras «los de siempre» ganan. Nada les importamos.
Empecemos ya a desaprender. Yo ya he empezado. Quiero desaprender todo lo que aprendí indebidamente; o que nunca debí aprender; o que me inculcaron con mentiras; o que me hicieron creer que era el camino correcto. Prueba, aunque solo sea un instante, a escuchar el silencio; a escuchar la nada. Entorna los ojos y desde tu silencio mira con sinceridad el camino hasta ahora recorrido. Mira a tu alrededor, desde el silencio. Si después de haberte tomado tu tiempo consideras que debes empezar a desaprender lo aprendido, o parte de ello, no lo demores. Cárgate de valor y emprende tu camino hacia fuera de ese laberinto al que nos han conducido, pretendiendo que creamos que es el mejor lugar en el que estar. Si necesitas desaprender, hazlo.