A veces te llega una noticia que te hace frenar. Me refiero a ‘frenar en seco’. Te detiene. Te hace poner los pies en la tierra; despertar de cualquier letargo por el que transites, aunque solo por un momento; tomarte por las solapas y agitarte sin compasión; decirte que estamos aquí de paso, todos, sin distinción alguna de edad o condición; helarte la sangre como solo el miedo sabe hacerlo.
No quiero ponerme trascendente, y mucho menos transmitir una idea pesimista, pero la vida unas veces te dá y otras te quita. Sin preguntar. Sin consultarte. Sin pedir tu opinión. Sin importarle el momento. Deberíamos ser conscientes de ello. No por vivir con miedos o temores, sino porque sepamos, sin lugar a dudas, de lo frágil que es la vida. Ahora estás para siempre. Ahora ya no estás, para siempre. El hablar de nuestra partida, momento que sin duda llegará, no debería causarnos tristeza, sino enseñarnos que debemos aprovechar el momento, sin perder de vista ese posible futuro que todxs nos marcamos de algún modo.