Creo que pocas cosas hay tan gratificantes, como inventarnos un cuento que contar a nuestros nietos, pero, sobre todo, en el que seamos los protagonistas y les traslademos a cuando teníamos su edad. Luego, cada una o cada uno, acertará más o menos en la historia. Pero si sale de nuestro corazón infantil, y le hacemos conectar con el suyo, el éxito está asegurado. Es más, creo que nos lo pedirán más veces. Es una bonita forma de narrar nuestra historia y de que pase de unos a otros. Puede ser parte de nuestro legado.
Sí, ya sé que podéis pensar o decir que no es fácil y que no se os ocurre nada. Sin embargo, habéis sido niñas o niños; habéis tenido una vida donde todo era diferente, muy diferente a como lo vemos ahora; hemos escuchado narraciones de otros; hemos leído historias (unos más y otros menos); hemos tenido experiencias que nos han enseñado en la vida y de la vida… Imaginaros cuántas historias pueden nacer de nuestra experiencia, que dejen atrapados a nuestros peques. Y, sobre todo, lo maravilloso de compartir tiempo con ellos.