Esta mañana he recordado el poema de Alberto Cortés titulado: ‘Que suerte he tenido de nacer’, y en especial ese verso en el que dice: “…/De ser lluvia en lugar de ver llover/…”. Siempre ha sido uno de mis poemas preferidos con el que disfruto cada vez que lo escucho y, reconozco, que si dejo que mis sentidos disfruten de cada palabra, la emoción inundará mi mirada liberando lo que mi corazón guarda. El poeta dibuja luces entre sombras y sombras entre luces, que deberá descubrir el lector o la lectora que siente que los versos le hablan a ella o a él.
En estos versos le pido a la lluvia, a esa lluvia que a todo y a todos alcanza alguna vez, que les hable; que les hable a todos aquellos a los que llegue y después, regrese hasta mí, y me cuente; me cuente, entre el repiquetear de sus alegres gotas que suaves golpean en los cristales de mi alma, lo que le hayan contado en su largo viaje; ese viaje que inició una mañana cualquiera, de un día cualquiera, de un mes cualquiera, de un año cualquiera…; de un tiempo cualquiera o, quizá, de un tiempo que aún está por llegar.