¡Cuántas cosas me gustaría retener en mi mirada! De verdad que no quisiera olvidarme de nada; bueno, al menos de nada de lo que en algún momento me ha hecho sentir la felicidad a mi lado, o dentro de mí. No es en sí el hecho de tener una memoria fotográfica. No es eso. Es poder captar todos esos momentos y tenerlos presentes. Pero aunque solo quisiera guardar los ‘buenos momentos’, afloran, aun sin pretenderlo, otros que quizá no fueron tantos, aunque gracias a ellos, a todos ellos, me encuentro ahora en el lugar y en el tiempo desde el que escribo esta entrada.
Mirar el mundo y mirar la vida. Mirar la vida y mirar el mundo, para entender mis sentimientos, a veces tan a flor de piel, a veces tan desconocidos. Dicen los expertos que una persona adulta respira, con una respiración normal, entre 12 y 20 veces por minuto. Pero, ¿cuántas cosas miramos, por minuto, consciente o inconscientemente? ¿Cuántas cosas vemos o creemos ver, haciendo caso al mirar de nuestra mirada? Me gusta mirar la mar y el cielo, y el horizonte lejano. Me gusta mirar la noche y las estrellas, y la luna pasajera. No me gustan las despedidas, aunque las haya. Me gusta acertar y me gusta equivocarme, para poder crecer. Me gusta mirar siempre, con mi mirada.