Unos versos te aguardan tras la cara oculta de la luna

logoA veces, cuando uno es capaz de mirarse el alma (o como cada cual lo quiera definir o nombrar), descubre cicatrices. Sí, infinidad de cicatrices que la vida te ha ido regalando según tu caminar; según las decisiones tomadas; según los sueños cumplidos o aquellos que se quedaron por cumplir; según tus aciertos y errores… No debe, no debería darnos miedo ver cada una de ellas, incluso acariciarlas y reconocerlas, pues forman parte de la esencia de lo que realmente somos.

No podemos engañar el reflejo que el espejo refleja del alma que a él se asoma. Ese espejo que cada uno de nosotros y de nosotras sabemos dónde está. Dónde se guarda. Hace tiempo descubrí dónde se guarda el mío, y ahí sigue para cuando quiera volver a mirarme en tan brillante y pulida superficie, limpia de impurezas que pudieran distorsionar lo que en él se refleja. No hay posibilidad de engaño o espejismo, salvo que nuestra mirada no mire aquello que debe mirar.

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